Entrevista a Jesús Gella Yago. Segundo premio del IV certamen Madrid Sky

Fotos Teatro
15 marzo, 2017

Jesús Gella Yago nació en otoño de 1977 Zaragoza, donde sigue viviendo. Su profesión no tiene demasiado que ver con la literatura, aunque implica darle mucho a la tecla o al bolígrafo, pero el resultado son informes fríos, objetivos y sin alma.

En el colegio empezó a montar sus primeras historias. La biblioteca era enorme (aunque hace poco volvió a visitarla y comprobó que en realidad él era muy pequeño). En ella conoció a compañeros de aventuras extraordinarias como Verne, Stevenson, Twain y Salgari, o London, Zane Grey y Karl May.

Estaba en el instituto cuando ganó algún certamen local y, al terminarlo, fue también cuando aparcó esta afición.

¿Por qué dejaste de escribir, Jesús?

La carrera y el trabajo para poder pagarla, además de alguna circunstancia más (de esas que se empeñan en complicarnos los planes), me distrajeron y dejé de escribir por placer. A veces digo que fue la peor decisión de mi vida pero, si me paro a pensarlo, ni siquiera fue una decisión: simplemente ocurrió.

Ha sido en los últimos años cuando he recuperado ese vicio (porque sin duda lo es), especialmente durante el último, después de decidir distanciarme temporalmente de mi entorno profesional.

La verdad es que fue una sorpresa ser convocado como finalista del “IV Concurso Madrid Sky”, ya que no he participado en demasiados concursos (quizá seis o siete en total, en los últimos diez años): sí que en 2010 un relato mío fue seleccionado para ser publicado a partir de mi participación en el “VII Premio Luis del Val”, y que el año pasado la web “Ociozero” (revista de género fantástico) reconoció el mérito de otro relato que tampoco llegó a ganar.

Así que, ciertamente, el “IV Madrid Sky” ha sido mi primera vez. ¡Espero que hayáis inaugurado una fructífera racha!.

¿Dejas leer tus relatos a alguien antes de tenerlos terminados o antes de publicarlos?

A Silvia, mi compañera (de toda la vida, casi) y acompañante (el día de la entrega de premios), le toca de vez en cuando darme una opinión. La verdad es que no suelo compartir lo que escribo, no sé si en un acto de egoísmo o de pura timidez. Probablemente las dos. Aunque, después de la experiencia con “Primaduroverales”, me apetece dar guerra a mi alrededor.

Viniste desde Zaragoza y estuviste un rato con nosotros para marcharte enseguida. ¿Te mereció la pena tanto trajín?

¡Por supuesto! Como te he dicho antes, esta ha sido mi primera convocatoria como finalista de un certamen literario. Cuando recibí vuestra comunicación ni siquiera me paré a valorar la dotación económica de los premios o la posibilidad de quedar descartado, ni siquiera la de resultar uno de los premiados. Bastó con pensar que a alguien le había convencido algo de lo que yo había escrito para tomar la decisión de que, sí o sí, iba a merecer la pena viajar para conocer a ese alguien. Afortunadamente no me equivoqué ya que, además de llevarme un segundo premio a casa, fue un encuentro muy agradable. Creo que hablo por todos los convocados al encomiar el esfuerzo que hicisteis desde “Primaduroverales” para crear un ambiente muy grato, por lo acogedor y distendido, sin menoscabo de la seriedad y significado que un acto como este debe tener.

Un relato propio leído por otra persona parece distinto, en cierto modo nos es ajeno. ¿Qué te pareció la interpretación que hizo Alicia Cereceda de tu relato?

Va a sonar a tópico, pero… “me alegra que me haga usted esa pregunta”.

Yo sí que suelo leer en voz alta lo que escribo para comprobar la fluidez y el ritmo interno del texto, pero nunca había oído ninguno en la voz de otra persona. 

Cuando Alicia leyó el título y mi nombre y luego hizo aquella enorme pausa antes de empezar con el relato en sí, creo que no exagero si digo que todo el salón se sobrecogió. No por lo que yo había escrito sino por la voz de Alicia (¡qué voz!). Ennobleció el relato con una lectura que, sin limitarse a ser tal, fue una verdadera interpretación.

Fue un día de muchas emociones: el viaje con la ilusión de un fallo pendiente, el encuentro con vosotros y los demás finalistas, la presentación del acto y nuestras intervenciones, estar entre los ganadores, las fotos de familia, la celebración posterior y el viaje de vuelta pensando “¿qué ha pasado? “.

Pero sin duda, para mí, el momento de mayor emoción fue precisamente el de la lectura (insisto, interpretación) de Alicia. Alicia es actriz y locutora, y demostró profesión midiendo pausas y énfasis y haciendo suyo un texto que se engrandeció de tal forma con su declamación, que me hizo sentir verdaderamente orgulloso de haberlo escrito.

¡Una lástima no tenerlo grabado!

¿Cuál fue el origen del cuento? ¿Cómo se te ocurrió la idea de recrear a la muerte en un personaje?

“No acostumbro a entrar si no hay clientes”.

Esta fue la frase seleccionada del libro “Madrid Sky” para convertirse en el pie forzado que abriera los textos participantes. Estaba claro que la palabra “clientes” iba a decidir los diferentes argumentos. Las posibilidades ambientales de esa palabra eran enormes, no hay más que leer algunos de los relatos: desde el México traicionero y traicionado que dibujó Inocencio Javier Hernández en “DF Wall” o el banco para el que Alberto Ramos propuso un atraco moral en “Por Sonsoles, a mi manera”,  hasta la tienda esotérica de “Tal vez mañana”, el texto ganador de  María Posadillo.

Debo reconocer que lo primero que se cruzó por mi mente fue un local de mala nota de esos donde todo y nada puede suceder, impregnado de desdicha y frecuentado por sombras tristes. Como vimos, de eso se ocupó Francisco de Paz Tante en “Neones rosas”. Del drama pasé a jugar con la idea de un sainete en un restaurante chino, y también en un desencuentro con filosas en una tanguería de arrabal.

Esas primeras ideas me llevaron a pensar que quizá podría hacer que los anfitriones de mi relato fueran algo más “selectos”: pensé primero en un infierno regentado por un Diablo socarrón, pero no veía la forma de encajar la frase de apertura. Así que decidí situarme cerca de ese infierno pero fuera, y enfocar a la Muerte que acompaña a los desafortunados cruzando la puerta del infierno con ellos. Así, el Diablo inicial se convirtió en una presencia apenas insinuada y que además queda en segundo plano, detrás del perro que guarda la entrada y que quizá (solo quizá) aúlla por tres gargantas.

Los atributos e imaginería clásica de la Muerte son más que populares (capucha, guadaña, calavera y ocasionalmente un reloj de arena), por lo que me pareció esencial explotar el ambiente donde se desarrolla el relato para crear un interés y una expectativa: un acantilado es apropiado para sugerir la idea de un final abrupto y dar con el topónimo Pembroke (muy próximo a nuestro “finis terrae”) hizo el resto.

Ya ves, las incertidumbres del papel en blanco te llevan a donde menos esperas.

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Fuente:  https://primaduroverales.wordpress.com/2017/07/18/entrevista-a-jesus-gella-yago-segundo-premio-del-iv-certamen-madrid-sky/